Sin pescado, no hay comida
Santos Banegas lleva 35 años pescando en Puerto Castilla, Honduras. Nunca había visto una situación tan grave.
Al igual que para muchos habitantes de Puerto Castilla, la pesca es una forma de vida para Santos Banegas. Es lo que le permite alimentar a su familia, les proporciona un techo bajo el que vivir y le ha permitido garantizar que sus hijos recibieran una educación.
Banegas es uno de los seis millones de pescadores de todo el mundo que dependen de los arrecifes de coral para su alimentación y sus ingresos. Sus hijos ya son mayores, pero todos ellos también son pescadores. De hecho, la mayoría de los habitantes de Puerto Castilla se dedican a la pesca. Es la industria más importante. Algunas personas acaban encontrando trabajo en empresas de otros sectores, pero la mayoría se queda y se dedica a la pesca.
Cuando Banegas empezó a pescar hace 35 años, solía pescar entre 300 y 500 libras de pescado cada vez que salía a pescar. Ahora, tiene suerte si pesca entre 20 y 30 libras.
«Cada día va a peor», afirma Banegas. Atribuye este cambio al aumento de la temperatura del mar o, tal vez, al pez león invasor, un depredador de los arrecifes de coral. ¿El culpable más probable? La sobrepesca.
«Si la situación sigue así, tendremos que buscar barcos más grandes para que puedan llevarnos más lejos a pescar», afirma Banegas. «La alternativa es que nos muramos de hambre».
La buena noticia es que la comunidad está dispuesta y deseosa de encontrar una solución. Banegas, por ejemplo, colabora con mucho gusto con nuestra científica comunitaria,Ana Bessy Valdez Martínez, para compartir los datos de sus capturas. Martínez está utilizando esa información para ayudar a los pescadores a comprender mejor lo que ocurre bajo el agua, y colabora con el comité técnico local para elaborar políticas y normativas eficaces que protejan la pesca.
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